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San Félix de Alcalá / Las reliquias de San Félix
1950

Escrito por Reymundo Tornero
Así describía en 1950 Anselmo Reymundo Tornero las peripecias de las reliquias de San Félix desde su martirio en Córdoba hasta su llegada a la Magistral de Alcalá:

"San Félix, llamado 'el Complutense', a mediados del siglo IX sufrió en la ciudad de Córdoba el martirio más horrendo que pudo concebir la maldad más refinada.

Según la historia de este venerable Santo, sucedió que en tierras andaluzas el pueblo cordobés presenció, en medio del mayor horror, el crimen que los moros perpetraron en el año 852, eligiendo como víctima a San Félix. Realizado por los impíos aquel inhumano sacrificio, el Califa sintió terror de que los cristianos pudieran apoderarse del cuerpo del mártir, y para evitarlo mandó que fuera arrojado a las llamas; pero, ante el asombro de todos, el fuego no lo destruyó, por lo que entonces ordenó que fuese hundido en el río Guadalquivir, para que bajo sus aguas quedase oculto de un modo definitivo; mas una fuerza extraña hizo que en lugar de sumergirse quedase flotando en ellas, lo que permitió a los cristianos poner a salvo aquel cuerpo que ni el fango ni las aguas habían querido que desapareciera.

El Conde de Carrión pidió entonces al Cálifa de Córdoba, como recompensa a los grandes favores y servicios que le había prestado, le concediera el tener a su cargo el cuerpo de San Félix, petición a la que el moro no pudo negarse, llevando el Conde los restos del mártir en una gran arqueta de plata al monasterio de San Zoilo y Felices de Carrión.

Conocedor de ello el pueblo alcalaíno, formuló en clamorosa súplica al Rey Don Felipe III la concesión de la gracia de poseer alquel cuerpo santo, la que fue alcanzada, produciendo en la ciudad el contento y la alegría que son de suponer, dando comienzo bien pronto a los preparativos necesarios para la realización del tan deseado traslado.

Salieron para la villa con ese objeto el canónigo don Francisco Jiménez, que ostentaba la representación del Cabildo, y el Corregidor don Juan Bautista de Baena, con la del Municipio, acompañados de varios vecinos de Alcalá, a los que se entregaron parte de las reliquias de San Félix, que llegaron a esta población el 29 de diciembre de 1606, quedando depositadas de un modo provisional en el convento del Santo Angel, de franciscanos descalzos (vulgo de losGilitos), en el que permanecieron hasta el 9 de febrero de 1607, en que se llevaron a la Magistral en solemne procesión, siendo colocada junto a la de los Santos Niños el arca portadora de los huesos de San Félix, en los que se aprecian evidentes señales de la intentada cremación, cubiertos con parte del hábito que vistió el santo mártir benedictino en el final de su ejemplar vida monástica".

[Tomado de Anselmo Reymundo Tornero, Datos históricos de Alcalá de Henares, Alcalá de Henares, 1950, pp. 197-198].



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