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Historia general / La Catedral-Magistral
2001

Escrito por Áurea de la Morena
La actual Catedral de Alcalá no surgió como tal, sino como iglesia dedicada al culto de los santos mártires Justo y Pastor, orígenes que marcan y explican la evolución del edificio. Remontándonos a su historia es un hecho conocido que Alcalá tiene su raíz en la antigua Complutum romana, situada en la vía de Mérida a Zaragoza, donde debió de existir un importante núcleo cristiano. En el año 305 (306), a causa del decreto dado por el emperador Diocleciano, fueron martirizados por la defensa de su fe los Santos Niños. En el lugar del sacrificio, situado a las afueras de la población, fue construido años más tarde un santuario o cella martyrium que tuvo un gran culto. Complutum fue lugar importante en la España cristiana continuando su importancia en el periodo visigodo al ser sede episcopal.

La ocupación musulmana supuso un cambio radical. Se despuebla la antigua Complutum y por necesidades defensivas se levanta a unos dos kilómetros y medio un núcleo fortificado –Qal’at abd al Salām- que fue tomada en el año 1118 por los cristianos acaudillados por el arzobispo don Bernardo, siendo donada a la Iglesia toledana en 1129. Aunque la fortaleza subsistió con carácter militar comenzó a cobrar importancia un lugar cercano a la antigua Complutum, llamado Campo Laudable, donde vivían mozárabes en torno al santuario de los Santos Niños, aunque sus reliquias habían sido llevadas a tierras de Huesca. Este caserío, nacido bajo el amparo y el recuerdo de los mártires, recibió el nombre de Burgo de Santyuste, concediéndosele la titulación de villa y fueros por el arzobispo don Raimundo en 1135.

Así pues, la historia de esta iglesia convertida en Catedral en 1991 es fundamental para el desarrollo de Alcalá, pues la devoción mantenida por los cristianos mozárabes al culto de los Santos Niños es lo que da origen a la nueva villa surgida después de la conquista cristiana, a lo que se une la protección dispensada por los Arzobispos de Toledo como lugar sacro. Sobre el antiguo martyrium se construyó una iglesia que fue reedificada por don Rodrigo Jiménez de Rada, el impulsor de la construcción de la Catedral de Toledo, pasando a denominarse Capilla de los Arzobispos, siendo ampliada por el arzobispo García Gudiel en 1290. A petición del arzobispo Carrillo es erigida Colegiata en 1477, mediante una bula del papa Sixto IV. Fueron realizadas importantes obras en el edificio que se continuaron con el cardenal Mendoza.

La reconstrucción total se realiza bajo el patrocinio del cardenal Cisneros, al mismo tiempo que la Universidad. Se derriba la antigua fábrica, al igual que las casas colindantes a la cabecera para hacer la girola que no existía en el templo anterior, respetando la capilla subterránea donde se guardaba la piedra del martirio. Comenzada en 1497, se avanza rápidamente ya que en 1503 pudo celebrarse el bautizo del infante don Fernando, futuro emperador de Alemania, dándose por terminada la obra en 1514, añadiéndose unas capillas en el lado sur. A petición de Cisneros el papa León X concedió a la Iglesia el título de Magistral en 1519, siguiendo el ejemplo de San Pedro de Lovaina. Se otorga este nombre por estar compuesto el cabildo por “magistri”, maestros graduados en la Universidad. La relación con la Universidad de Alcalá fue muy intensa, celebrándose en ella entre otros actos la ceremonia de colación de grados y la imposición de las insignias.

Tanto las trazas como la construcción del edificio han sido tradicionalmente adjudicadas al alcalaíno Pedro Gumiel, maestro al servicio del Cardenal, pero hace años dudé sobre esta autoría y se lo atribuí a Antón y Enrique Egas, siendo Gumiel probablemente sólo el veedor de las obras. La iglesia es de planta salón, tres naves con crucero que no sobresale en planta pero sí en anchura y altura. Las naves están separadas por pilares con baquetones que ascienden en la nave central hasta el arranque de la bóveda, interrumpidos por una imposta tangente a los arcos que corre a lo largo de la nave, con franja vegetal a modo de capitel. El crucero presenta una altura intermedia entre la nave central y las laterales. La bóveda es de terceletes en la nave central y crucero, y simple en las laterales.

La capilla mayor es ochavada y rodeada de una girola que se divide en tramos triangulares y cuadrados, sirviendo para dar la vuelta al lugar martirial situado en la cripta, reformada años más tarde. Para el modelo de planta los Egas se inspiran en la catedral de Toledo por su carácter jerárquico, ya que es la iglesia catedralicia de la que dependía la colegiata. Este tipo de iglesia de planta salón tiene sus raíces en la arquitectura francesa, pudiendo considerarse su inicio en la catedral de Nôtre Dame. Mide la iglesia en su interior aproximadamente 68 metros de largo por 25 de ancho, 6’8 metros las naves laterales y 11’40 la central. La mitad del largo corresponde al cuerpo de la iglesia con cinco tramos. La planta responde a un trazado geométrico perfecto. El módulo generador es un tramo de las naves laterales formado por un cuadrado 6’8 por 6’8, que es la décima parte del largo total de la iglesia. Aplicando como base el radio 6’8 ocupan cinco circunferencias el largo de la iglesia, al igual que si tomamos la medida 11,40, anchura de la nave central, resultan tres circunferencias, a diferencia de la catedral de Toledo que lo hace con dos. Todo ello nos hace apreciar que no es una copia en pequeño del templo toledano, sino que se inspira en él, desarrollando un sistema de proporciones que demuestran el conocimiento teórico de la arquitectura de Antón Egas.

En el lado meridional se encuentran una serie de capillas, algunas de las cuales conservan bóveda de crucería. La capilla de Don Pedro de Alcalá, situada en el pasadizo de entrada al claustro, tiene una cubierta muy curiosa, imitando en yeso una techumbre mudéjar con decoración de lacería, y en su arrocabe aparecen ya elementos renacentistas.

El cardenal Cisneros se preocupó también por dotarla de los elementos necesarios para el culto. El Retablo mayor debía de ser de estructura gótica, pero tanto su escultura –obra de Felipe Vigarny-, como la pintura –de León Picardo-, introducían las formas del Renacimiento. El Coro estaba situado en la nave central y era gótico. Con 50 asientos en la sillería alta y 22 en la baja, lo presidía un sitial para el arzobispo. Otras obras perdidas son las vidrieras de las ventanas, los púlpitos y los órganos, desaparecidos en 1936.

Subsisten las rejas de la capilla mayor y parte de las del coro, obra de Juan Francés, como se indica en el letrero que corre en la reja del presbiterio. Tiene un magnífico friso de chapa calada y, situándose en el eje, arcos cóncavos y convexos entrelazados. Las rejas fueron realizadas a partir de 1509, siendo doradas dos años más tarde.

La portada principal está situada a los pies de la iglesia y se abre por medio de un arco carpanel que en su interior tiene el cordón franciscano, característico de los monumentos cisnerianos, y candellieri renacentistas como concesión al nuevo estilo que se introduce en el arte castellano. Se superpone otro arco trebolado, trasdosado con frondas y rematado con un florón. En el tímpano hay tres escudos con capelo cardenalicio, representando el central la imposición de la casulla a San Ildefonso, propio de la diócesis toledana. En los laterales puede verse el ajedrezado de Cisneros. Se enmarca por pilares con baquetones, arrancando de ellos un alfiz quebrado. Esta portada es característica del gótico tardío toledano y muy parecida a la de la Parroquia de Torrelaguna, también patrocinada por Cisneros.

A partir de 1527 Rodrigo Gil de Hontañón inicia la construcción de la nueva Torre, siendo continuada por Nicolás de Vergara y terminada a principios del siglo XVII. En 1568 vuelven parte de las reliquias de los Santos Niños que estaban depositadas en San Pedro el Viejo de Huesca, instalándose después en la cripta, que había sido renovada y terminada en 1594.

En el siglo XVII se realizan una serie de obras, con lo que adquiere el conjunto de la Magistral su fisonomía actual. Se levanta un nuevo claustro (1606-1614) -ya que el antiguo estaba en mal estado- gracias a una donación del obispo don Lorenzo Asensio Otaduy, antiguo canónigo de la Magistral. Años más tarde se erige la Parroquia de San Pedro (1622-1625), sobre la antigua capilla de Santa Lucía, en el lado sur cerca de la torre, costeada por el abad don Bernardino de Ávila y Vera. Se trata de una capilla de una sola nave con media naranja en el crucero. A un lado se halla la capilla bautismal, bajo cuya bóveda se encuentra el panteón del fundador.

En esta primera mitad del siglo XVII también se realiza la nueva Sala Capitular, adosada al lado sur del claustro. Es una habitación de grandes dimensiones, cuyo techo fue decorado entre 1653 y 1660 por el pintor Juan Antonio Frías y Escalante, representándose el martirio de los Santos Niños, actualmente perdido. En la actualidad alberga el Museo de la Catedral.

A lo largo de los siglos XVII y XVIII se reciben continuas donaciones, creándose un importante patrimonio artístico, incrementado a finales del siglo XVIII con obras procedentes de la Iglesia de la Compañía, tras la expulsión de los jesuitas. Entre ellas destacaba el Retablo de las Santas Formas que fue colocado en la capilla mayor, substituyendo al de Cisneros.

En el siglo XIX continúa el enriquecimiento, ya que debido a la Desamortización este lugar se convierte en depósito de numerosas obras procedentes de conventos alcalaínos. En 1856 ingresan la imagen gótica de la Virgen y el Sepulcro de Carrillo, que estaban en el convento franciscano, así como el sepulcro renacentista de Cisneros (hoy en la Capilla de San Ildefonso, su lugar de origen).

A principios del siglo XX el edificio se encontraba en malas condiciones por lo que fue cerrado al culto en 1902. La restauración fue llevada a cabo por el arquitecto Cabello Lapiedra entre 1906 y 1931; además de la consolidación se ejecutaron una serie de reformas, eliminando capillas y recubriendo los muros con esgrafiado al estilo segoviano, mudando así la fisonomía del templo. Poco iba a durar esta restauración, pues el 21 de julio de 1936 la Magistral fue saqueada e incendiada. A causa del calor se derrumbaron algunas bóvedas que cayeron sobre los mausoleos de Carrillo y Cisneros, además de producirse grandes daños en el templo y su tesoro. La reconstrucción fue iniciada en 1947, rehaciéndose primero la cabecera hasta el crucero, donde se alzó un muro. Una segunda fase se realizó de 1967 a 1974, haciéndose nuevas las bóvedas y nervaduras a base de prefabricados de hormigón. Quedaba así finalmente el edificio digno para el culto y recobraba en parte el esplendor de antaño a pesar de las pérdidas ocasionadas.




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