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Santos Justo y Pastor


Conocidos popularmente como "los santos niños", estos dos hermanos hispano-romanos sufrieron martirio a comienzos del s. IV en Alcalá de Henares bajo la persecución de Diocleciano. Son los patronos de la Catedral Magistral y de la diócesis complutense.
 
Toda ciudad tiene sus fundadores y sus santos protectores. En el caso de Alcalá de Henares este honor corresponde a dos hermanos hispano-romanos, de los que apenas sabemos algo más que el nombre -Iustus et Pastor-, la edad aproximada -todavía niños o casi adolescentes-, y las circunstancias de su muerte -pena de muerte por decapitación al declararse cristianos y negarse a ofrecer el sacrificio a los dioses protectores del Estado.

Nuestra Catedral está dedicada a la memoria de los santos mártires Justo y Pastor, quienes hace diecisiete siglos dieron testimonio -martyrium- de Aquél que había salido a su encuentro prometiéndoles «la vida eterna en el más allá y el ciento por uno, con persecuciones, aquí en la tierra». Su ofrenda conmovió tanto a los habitantes de Complutum, que custodiaron celosamente el lugar de su martirio así como sus restos. Sólo la presencia y el significado de estas reliquias explica suficientemente el progresivo despoblamiento de la antigua ciudad hispano-romana y el nacimiento de la ciudad cristiana en los alrededores de su primitivo lugar de culto. La historia del templo en que nos encontramos y la de la diócesis complutense son inseparables de estos hechos.

El cristianismo es impensable sin una cierta dimensión de «escándalo». Hoy escandaliza su pretensión de verdad, su afirmación de Dios y su misma concepción antropológica. Antiguamente escandalizó a judíos y greco-romanos por su fe en la Encarnación de Dios y por el anuncio de su Muerte y Resurrección. Habrá quien se escandalice también por el culto tributado a los mártires cristianos, al considerarlos simples fundamentalistas religiosos. Pero aquéllos, a diferencia de éstos, no murieron matando, sino bendiciendo; no vivieron odiando, sino amando, lo cuál debería llevar a preguntarnos: ¿hay algo que vale más que la vida?

Justo y Pastor responden afirmativamente: «Tu gracia vale más que la vida». Ellos, con su testimonio, señalan a Cristo, el Dios encarnado, muerto y resucitado por amor a los hombres. Quizá pueda parecer demasiado hermoso para ser cierto, pero... ¿y si fuera verdad?




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