Cena de fraternidad de los amigos del Aula Cultural "Civitas Dei"
El Aula Cultural CIVITAS DEI tiene el honor de comunicarle que, con motivo de la clausura del presente curso, celebrará una cena de amistad presidida por el Excmo. y Rvdmo. D. Juan Antonio Reig Pla, Obispo de la Diócesis de Alcalá.
La cena tendrá lugar el viernes 18 de Junio de 2010, a las 21:30 horas, en los Salones OMA de Alcalá de Henares, Avda. Juan Carlos I, nº 18.
Las tarjetas de asistencia se encuentran a su disposición, a partir del 31 de mayo, en la Catedral Magistral de Alcalá de Henares, cualquier día de la semana, de 10 a 13 horas y de 18 a 20 horas, por un importe de 35 €. Se podrán adquirir hasta el lunes 14 de junio de 2010.
Para más información puede dirigirse a los teléfonos 677548349 ó 607600855
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*** JUEVES 22 ABRIL 2010 - 20 HORAS
Algunas imágenes del acto
El ponente, D. Javier Morales Vallejo
Mons. Reig Pla, obispo de Alcalá, asistió al acto
Un momento de la exposición
*** MIÉRCOLES 17 MARZO 2010 - 20 HORAS
Mesa redonda:
"Entre las palabras la Palabra: narración evangélica y literaria"
Intervienen:
José Miguel García Pérez, doctor en Sagrada Escritura, colaborador de la colección Studia Semitica Novi Testamenti.
José Jiménez Lozano, narrador, ensayista, poeta y periodista. Premio Cervantes (2002).
El núcleo del relato evangélico y el invento de narrar, de la mano de dos estudiosos de la palabra humana y divina. Un verdadero acontecimiento en la ciudad de Cisneros y Cervantes.
RESUMEN DEL ACTO
Las palabras y la Palabra
El pasado miércoles 17 de marzo el Premio Cervantes 2002 José Jiménez Lozano visitó Alcalá de Henares, invitado por el Aula Cultural “Civitas Dei” del Obispado de Alcalá. El escritor participó en una mesa redonda titulada “Entre las palabras, la Palabra. Narración evangélica y literaria”.
Las palabras del título remiten al importante discurso del papa Benedicto XVI al mundo de la cultura, pronunciado en París en 2008. En aquella ocasión, hablando de las raíces de la cultura europea, describía el Papa la importancia del monacato occidental, cuya búsqueda de Dios hizo necesaria “una cultura de la palabra”. “El deseo de Dios incluye al amor por la palabra. Puesto que en la Palabra bíblica Dios está en camino hacia nosotros y nosotros hacia Él, hace falta aprender a penetrar en el secreto de la lengua, comprenderla en su estructura y en el modo de expresarse. Así, precisamente por la búsqueda de Dios, resultan importantes las ciencias profanas que nos señalan el camino hacia la lengua. Y puesto que la búsqueda de Dios exigía la cultura de la palabra, forma parte del monasterio la biblioteca que indica el camino hacia la palabra. Por el mismo motivo forma parte también de él la escuela, en la que concretamente se abre el camino. El monasterio sirve a la ‘eruditio’, a la formación y a la erudición del hombre, una formación con el objetivo último de que el hombre aprenda a servir a Dios. Pero esto comporta evidentemente también la formación de la razón, por la que el hombre aprende a percibir entre las palabras la Palabra”.
Hasta aquí la cita del Papa, en la que encontramos palabras clave de la tradición cultural del occidente cristiano: deseo, búsqueda, lengua, palabra, ciencia, biblioteca, escuela, razón. Resulta significativo que sea hoy el Papa, es decir la Iglesia, quien reivindique el valor de la palabra y la razón. Ya lo hizo Juan Pablo II en su encíclica “Fides et ratio”, cuando decía que “la fe y la razón son como las dos alas con la cuales se eleva el espíritu humano hacia la contemplación de la verdad”. Y añadía que “entre los servicios que la Iglesia ha de ofrecer a la humanidad, hay uno del cual es responsable de un modo muy particular: la diaconía de la verdad”. De este modo, el célebre “sapere aude” -atrévete a saber- de Kant, resuena de nuevo en este mundo de ausencia de certezas, de confusión babélica, de desconfianza en la capacidad racional del ser humano y de negación de la inteligibilidad del universo en que vivimos.
PALABRA DIVINA EN PALABRA HUMANA
Prueba de ello fueron las dos intervenciones de la mesa redonda organizada por el Aula “Civitas Dei”. El primer ponente, el sacerdote José Miguel García Pérez, doctor en Sagrada Escritura y colaborador de la colección “Studia Semitica Novi Testamenti”, centró su intervención en el núcleo del relato evangélico, respondiendo a la pregunta ¿qué son los evangelios y cómo se han originado? Recordaba que los evangelios narran la buena noticia -eso es lo que significa la palabra “evangelio”- de la vida, los hechos y palabras de Jesús de Nazaret. Y, citando al rabino judío Jacob Neusner, ponía de manifiesto la singularidad de la pretensión de Jesús, que no habla ni actúa como un profeta más, sino que pretende una autoridad comparable, o incluso superior, a la de Moisés: “No me desconcierta el mensaje, sobre el que podría plantear algunas objeciones, sino el mensajero. La razón reside en la forma chocante de estas enseñanzas. Mientras está sentado en la montaña (alude Neusner al Sermón de las Bienaventuranzas) la frase de Jesús “oísteis que se dijo... pero yo os digo” se pone en claro contraste con la frase de Moisés en el monte Sinaí. Los sabios dicen las cosas apoyándose sobre su autoridad, pero sin pretender mejorar la Torah. Moisés, el profeta, no habla en nombre propio, sino en nombre de Dios, declarando lo que Dios le ordenó decir. Pero Jesús no habla ni como sabio ni como profeta... Henos aquí ante el problema: cómo dar un sentido a un maestro que se separa o se pone por encima de la Torah... Al final lo que cuenta no son tanto sus enseñanzas, sino la persona de Jesús... Comprendo que sólo Dios puede exigirme lo que me está pidiendo Jesús”.
Por eso, cuando en la asamblea litúrgica proclamamos el Evangelio concluimos diciendo “Palabra de Dios”. Porque en estos relatos se nos transmite la Revelación de Dios, una revelación que tiene un carácter histórico, que se da en la historia. Así sucede ya en el caso del Antiguo Testamento, plagado de narraciones históricas, y aún más en los Evangelios, que no contienen una revelación mítica, ni una reflexión filosófica o sapiencial, sino la historia de Jesús, Dios hecho hombre. “Cristo se sirve de una palabra humana para hacer resonar su voz eterna, divina... El misterio de la Encarnación llega hasta la palabra escrita: la Palabra de Dios ha aceptado las condiciones que implican la generación de un libro y todos los avatares que conlleva su transmisión”. Como decía san Agustín: “no debemos sorprendernos si Él, por condescendencia con nuestra debilidad, se abaja hasta disgregarse en nuestros sonidos humanos”.
“Dios entrando en la historia se pone a prueba”, decía el ponente. “Sus profecías y promesas son verdaderas porque se cumplen. En este sentido el cristianismo es como un buen vino, que para saber si es bueno hay que probarlo, hay que gustarlo”. La Escritura y la Tradición son los cauces por los que llega hasta nosotros esta Palabra revelada en la historia, pero “aunque la Iglesia venere como sagrados estos libros que llamamos evangelios, el cristianismo no es una religión del libro. Nosotros no seguimos unas palabras escritas, sino la Palabra viva de Dios, es decir, Cristo”. “La Iglesia no es la palabra, sino el lugar en el que habita y vive la palabra. Esto significa que está obligada a ser verdaderamente espacio de vida y no espacio de muerte para la palabra”, escribía hace años el cardenal Ratzinger. “Para que la palabra pueda ser conservada, la Iglesia tiene que vivirla, tiene que sufrirla. Tiene que someter las fuerzas vitales de una época al juicio de esta palabra, y también tiene que poner a disposición de la palabra una nueva vida, carne y sangre humanas. Limitarse puramente a conservar sería evitar el sufrimiento y no sería ciertamente llevar la palabra al tiempo presente”. Nos corresponde a nosotros, discípulos de Jesús, “asegurar a las palabras eternas una segunda eternidad, una eternidad temporal y carnal, una eternidad de carne y de sangre”, como escribía Péguy.
LA BIBLIA Y EL INVENTO DE NARRAR
Por su parte, D. José Jiménez Lozano, segundo ponente de la mesa, disertó en una brillante y apasionada intervención sobre “La Biblia y el invento de narrar”. El escritor, que tiene publicados diversos relatos centrados en personajes bíblicos, contrapuso el lenguaje veterotestamentario -rico en imágenes y cargado de historias- al tono especulativo o moral del pensamiento y la literatura helénicos. Así, por ejemplo, para el israelita bíblico “el sol es una lámpara para el día, y la luna otra lámpara para la noche. La bóveda del cielo es una gran tienda, de cuyo techo cuelgan mil candiles. Para el mundo hebreo toda la preocupación se centra en la historia, y en la vida diaria, en el destino del hombre y en la justicia en relación con los demás hombres y con el Creador. Y estos asuntos se conocen contando historias”. En el mundo griego “la visión del tiempo y de la historia es cíclica. El tiempo no tiene principio ni fin, y el vivir humano, tanto personal como colectivo, no tiene una finalidad fuera de la obtención de la riqueza, del poder, de la gloria del héroe vencedor en una batalla... héroe que porta la gloria de la ciudad y de la estirpe, nunca un individuo en sí mismo... Todo es muy diferente en el mundo bíblico... El cosmos entero es una creación divina y sólo por eso está ahí. No era nada necesario, como en los griegos. Y el hombre forma parte de él, como una culminación, pero la perfectibilidad humana es la obediencia a la ley de Dios creador. Y el tiempo no es eterno, sino que comenzó y tendrá fin. Y tampoco es cíclico, sino que va a su cumplimiento”. Frente a los héroes y semidioses griegos “los judíos tenían un libro, que cuenta historias de hombres, desde el principio de la humanidad y del mundo, y también hay en ese libro normas morales o poemas, pero el hecho es que quien lee u oye la historia contada o la norma que se dicta, escruta esa historia, esa escritura y cuenta luego a su respecto, con frecuencia, una nueva historia sobre la historia leída... De manera que en torno a la Biblia se ha ido construyendo todo un discurso, en gran parte narrativo, de historias sobre historias, que los judíos llaman ‘midrash’”. Citando a Levinas, Jiménez Lozano recordó que “lo que diferencia un documento de un libro -afirmando que por eso la Biblia es un libro y no un documento histórico-, consiste en que las significaciones de un documento quedan ya agotadas en él, mientras que el libro invade o desposa la vida del lector y de su destino, que es siempre susceptible de ser reinterpretado, y por tanto tornado contemporáneo. Y el mismo libro rejuvenece al lector, porque dice siempre algo nuevo”.
También recordó que “en la Biblia Dios crea con la palabra” y que “encomienda a Adán dar nombre a las bestias, pero no cualquier nombre, sino el apropiado a su naturaleza”. Como ejemplo de este nombrar la realidad contando un hecho, puso como ejemplo el almendro, que en hebreo se llama “el madrugador”, por ser el primero que florece. “Contar una historia es, desde luego, nombrar la realidad, y luego levantar vida con palabras... la palabra debe ser tan verdadera como para levantar vida”. Se trata de “hacer la historia ‘res nostra’ (cosa nuestra, asunto propio, actual)”. La Biblia no narra simplemente hechos del pasado, sino realidades actuales, que acontecen tanto al narrador como al propio lector. “No hay más que este acontecimiento y su resplandor o conmoción, y se aniquila en su entorno toda amplificación o retórica y ética inseparables de los grandes relatos”. Lo que define el relato es el acontecimiento, lo demás es mobiliario. También en los evangelios encontramos el minimalismo expresivo propio del contar bíblico. Como ejemplo, la narración de san Mateo del entierro de Jesús por parte de José de Arimatea: “Lo puso en una sábana blanca en su sepulcro nuevo y tras hacer rodar una piedra grande a la puerta del sepulcro se fue”. Otros tendrían la tentación de contar lo mismo en cuatrocientas páginas. Se trata de usar los mínimos elementos para que sea eficaz la palabra.
Jiménez Lozano denunció que en la tradición española “no hay ni numerosas ni profundas recreaciones literarias y artísticas de las historias bíblicas, y que su inmensa mayor parte, cuando se dan, se nos ofrecen o bien como ilustraciones de un tema religioso o son vistas como mitología”. Es quizá en la poesía “donde puede encontrarse ese rapto religioso o bíblico, que no sea mero instrumento estético o estetizante”, pero recordó el aviso de Kierkegaard: “en cuanto al sentimiento religioso, este género literario significa que ya no es el tiempo de la religión, que ésta se ha convertido en una curiosidad”. “Mayor ausencia se da aún -prosiguió el ponente- de la Biblia en el imaginario y la existencialidad de los propios escritores y de la literatura producida, lo que desde luego ha costado a la literatura española un gran precio en cuanto a profundidad y universalidad”. Hay, por tanto, una “verdadera oquedad narrativa, que es la ausencia de convivencia y la respiración de un mismo aire con las historias del Génesis, Reyes, Job, Ruth, Jonás...” Thomas Mann preguntaba siempre “cómo es que ningún español parecía haber leído el libro de Job”, y tenía razón. En opinión de Jiménez Lozano esta ausencia ha afectado a la literatura española, tanto en la incapacidad para abordar con profundidad las grandes cuestiones existenciales del hombre y del mundo, como en el modo de contar y en la capacidad de producir palabras que “levanten vida”. El Premio Cervantes concluyó su intervención aludiendo a “la comunicación hoy a la mano... en la que la palabrería, en gran parte la sustancia de nuestro tiempo, acompaña a la destrucción y a la muerte”, señalando además que “el escritor y el artista de esta tercera modernidad se ha convertido en un ‘demiurgo’, creador de mundos; él escribe su propio génesis y su propio apocalipsis, llenos de buenismo”. Y a una pregunta del auditorio afirmó que la palabra indudablemente tiene poder: “la palabra mata y la palabra salva”. Puede pervertir, puede convencer. No se debe jugar con la palabras. “Cuando viene alguien que sabe cómo hay que ordenar las palabras, y en eso consiste el escribir, vuelve la palabra a su inocencia primera, y a su fuerza primera, y dice lo que quiere, lo que debe decir”. “Hay que ponerse la coraza de varios siglos. Hay que darse prisa en ser antiguos”.
Como pueden comprobar los lectores por estos rápidos apuntes el encuentro mereció la pena. Sólo nos queda invitar a cuantos sientan la urgencia de alimentar la inteligencia y el espíritu a no perderse los próximos actos del Aula “Civitas Dei”. Para ello pueden pedir información en el correo electrónico:
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JUEVES 18 FEBRERO 2010 - 20 HORAS
*** JUEVES 21 ENERO 2010 - 20 HORAS
Unos días después de celebrado el acto fue publicado en el semanal alcalaíno PUERTA DE MADRID el siguiente artículo, resumen de la interesantísimo conferencia del padre Carreira:
“¿Para qué tantas luces?” Un interesante viaje al origen del Universo
El pasado jueves 21 de enero el Aula Cultural “Civitas Dei” -recientemente fundada por un grupo de profesionales católicos en estrecha relación con el Obispado de Alcalá de Henares- ofreció una interesante conferencia con el título de “¿Para qué tantas luces? Viaje al origen del Universo”. Los responsables del Aula invitaron para la ocasión al célebre astrofísico, filósofo y teólogo Manuel Carreira, sacerdote jesuita, quien fue presentado por el conocido profesor universitario Fernando Jordán de Urríes.
El nuevo Salón de Actos del Obispado de Alcalá estaba a rebosar -más de 250 personas-, debido a la expectativa suscitada por el tema y el ponente. Durante casi dos horas se habló de ciencia, filosofía y teología -con la ayuda de imágenes proyectadas en la gran pantalla de la sala-, siendo muy interesante el turno final de preguntas, en el que pudo comprobarse el interés despertado en el auditorio. Para aquellos que no pudieron asistir, y para memoria de los que sí lo hicimos, recogemos algunos párrafos de la amplia introducción con que el profesor Carreira comenzó su explicación:
“Agradezco mucho que me hayan invitado a venir, pues es para mí siempre un gusto comunicar a otros lo que para mí ha sido una fuente constante de satisfacción en toda mi vida. El hombre como ser racional tiene una necesidad enorme de conocer. La racionalidad se expresa en la búsqueda constante de verdad, belleza y bien. El mismo Einstein decía que toda ciencia comienza con el asombro, ante un universo que -se da uno cuenta- existe independientemente de nosotros, pero que es digno de estudiarse; y es digno de estudiarse porque se intuye que es ordenado, no es absurdo, no es caótico. Y la ciencia trabaja con una metodología propia, que puede resumirse en la siguiente fórmula, que parece un juego de palabras: “toda ciencia comienza respondiendo a cuestiones y progresa cuestionando respuestas”. Comienza respondiendo a cuestiones y lo más propio de un niño en el momento en que sabe hablar es preguntar constantemente ¿por qué?, ¿esto qué es?, ¿por qué?...
Eso es lo que sigue haciendo el científico toda su vida. Y busca respuestas que tienen que ser lógicamente coherentes. Para lo cual tienen que aceptarse los tres principios de la racionalidad en todo campo. El principio de identidad: las cosas son lo que son, me guste o no me guste, y porque son lo que son hacen lo que hacen. El segundo principio es el principio de no contradicción: no vale igual decir sí o no; o lo uno o lo otro. Y el tercer principio: hay que dar una razón suficiente, una razón lógica de aquello que se quiere explicar.
Este modo de razonar ha llevado a la ciencia actual y es también básico para la matemática, para la filosofía y para la teología. Y como cada uno de estos modos de conocer tiene un ámbito limitado, es necesario que se complementen. La ciencia va a tratar solamente, exclusivamente, de cómo actúa la materia y tiene que basarse en la comprobación experimental y eso da lugar a medidas, que luego se pueden relacionar con una matemática más o menos compleja, pero son medidas siempre cuantitativas y la ciencia no puede hablar de lo que no puede medir. Y esto es algo muy importante, porque hoy está casi de moda el decir que el único conocimiento verdadero es el conocimiento científico. El conocimiento científico es muy limitado. Yo le puedo dar a un físico un vaso y por más que lo mida, jamás puede demostrar científicamente que está hecho para beber. Dice que puede servir para contener algo, puedo ponerle unos lápices, puedo ponerle una flor, puedo usarlo también para tener un líquido, pero no puede demostrar nadie científicamente que está hecho para beber... No se puede demostrar científicamente con ningún experimento para qué está hecho algo. Y sin embargo eso es lo que más queremos saber. Cuando encontramos un objeto extraño en una tumba antigua nos preguntamos para qué sería. Y no me basta que un físico me diga las medidas que tiene, y no me basta que un químico me diga cuál es su composición... quiero saber para qué sería. Pues esa pregunta no la puede responder la ciencia. Y por tanto, si yo pregunto si tiene una finalidad el universo, la ciencia no puede responder. La ciencia no puede ni siquiera detectar si hay un pensamiento digno de aprecio en mi cabeza, ni puede saber el valor literario de una obra, como El Quijote, ni puede explicar el valor estético de un cuadro de Velázquez, ni puede demostrar que dar un golpe al vecino está mal. La ciencia nunca hablará de ética, ni de arte, ni de literatura, ni de relaciones humanas, ni de ninguna de todas estas cosas que son lo más importante en la vida real. La ciencia sólo va a hablar de cómo actúa la materia.
Y precisamente es la ciencia moderna la que nos da una definición de materia, que es una definición operativa, que es lo que siempre buscamos en ciencia. No conocemos la esencia de las cosas, sólo conocemos su comportamiento. Decimos lo que las cosas son por lo que hacen. Mis amigos americanos, de los que he aprendido mucho, tiene una frase que no se les olvidará a ustedes, porque es muy graciosa y gráfica: si yo veo algo blanco, que tiene el aspecto de un pato y se menea como un pato y grazna como un pato... es un pato. Pues bien, un científico dirá algo parecido: si yo tengo algo que tiene la masa de un electrón, la carga eléctrica de un electrón, el espín de un electrón... es un electrón. Y de esa manera identificamos las cosas.Y ¿qué es la materia para un físico?: todo y sólo aquello que puede actuar por una de cuatro fuerzas, porque la ciencia sólo admite cuatro maneras de actuar de la materia en todo el universo. Hay dos fuerzas de largo alcance: la gravitatoria y la electromagnética, y dos de corto alcance: la núclear fuerte y la núclear débil. Todo cuanto se explica científicamente tiene que atribuirse a alguna de esas fuerzas. Y si hay una realidad que no puede atribuirse a una de esas fuerzas, o a todas juntas, no puede atribuirse a la materia. Esto se lo hago notar yo a los que dicen con toda tranquilidad que basta con corrientes eléctricas en el cerebro para explicar la inteligencia. Yo les digo: ¿ah, sí? ¿Qué hay en el televisor cuando usted está viendo un programa? Pues sólo corrientes eléctricas. Y yo digo: ¡ah, muy bien! Y cuando a usted le aburre el programa ¿llama usted a la compañía eléctrica y se queja de las corrientes? ¿O le echa la culpa a alguien, que no ha sabido hacer un programa interesante? Las corrientes eléctricas en el televisor son como las manchas de tinta en el papel, son medios de comunicar ideas, información, pero no determinan el contenido de esa información. Y por eso tiene uno que decir lógicamente que si ninguna de las cuatro fuerzas, ni todas ellas juntas pueden explicar una poesía, entonces en el ser humano hay que aceptar una realidad superior a la materia. Y eso es pura lógica y pura filosofía.
Pues bien, con este modo de pensar la ciencia avanza y ha avanzado muchísimo, sobre todo en los últimos cien años, para darnos una idea de cómo es el universo. Pero se queda sin respuesta ante dos preguntas, que los físicos han formulado, no los filósofos ni los teólogos. La primera pregunta: ¿por qué hay algo en lugar de nada? Pues eso no lo va a contestar ningún experimento, ni ninguna ecuación matemática.Y la segunda pregunta: ¿qué relación hay entre la existencia humana y las propiedades de un universo ya en su primer momento? Y uno de los grandes físicos del siglo XX, John Archibald Wheeler, al que tuve el honor de conocer, dice: si no sabemos contestar a esto, tendremos que confesar que realmente no entendemos nada. Y seguimos sin entenderlo en términos científicos, porque esas preguntas sólo se pueden responder en los niveles filosófico y teológico.
Así tenemos una complementariedad de modos de conocer que nos enriquece y nos da una visión de conjunto. Yo nunca le pediré a la física, ni a la astronomía, ni a la química, que me respondan a la pregunta de si Dios existe o no. No hay ningún experimento que me pueda contestar a eso. Por otra parte, yo nunca le pediré a la teología que me diga si el universo comenzó caliente o frío, antes o después. No le toca tampoco. Cada una de esas maneras de conocer tiene su propio ámbito, su propia metodología, y debe respetarse ese límite. Y cuando ha habido conflictos entre ciencia y fe, los conflictos han sido por no respetar metodología propia. Todavía hay hoy gente, sobre todo en el ámbito protestante, en Norteamérica, que quieren pedir a la Biblia que nos enseñe astronomía y geología. Es perder el tiempo. Pero también es perder el tiempo pedir a la física que me enseñe teología.
Pero como la realidad es una, ¿lo que sé de ciencia me puede ayudar a comprender mejor algún problema filosófico y teológico? Sí. Por ejemplo, el ser humano es materia, en su cuerpo; puedo apreciarme en cuanto ser humano si sé lo que es la materia y cómo funciona y cuáles son sus límites. Por otra parte, la ciencia tiene que reconocer la libertad humana y no puede explicarla, porque la ciencia sólo trabaja con esas cuatro fuerzas y en ninguna de ellas aparece la libertad humana. Y, sin embargo, la filosofía puede hablar de ella y puede decir que no contradice a la ciencia en modo alguno el decir que el hombre actúa libremente”.
Con este marco de ideas el profesor Carreira ilustró a continuación la historia de nuestro conocimiento del universo, resaltando la maravilla de un universo de increíble inmensidad ajustado delicadamente para que pueda darse la vida inteligente al menos en un lugar, al menos en la Tierra. Aquí el científico da paso al filósofo y al teólogo, que reconoce la realidad humana como la cumbre de la creación, la cumbre máxima del ser, y agradece que el mismo Dios haya querido hacerse hombre.
Juan Miguel Prim Goicoechea
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JUEVES 10 DICIEMBRE 2009 - 20 HORAS
Mesa redonda:
"La Singularidad del Ser Humano frente al Proyecto Gran Simio"
Intervienen:
Nicolás Jouve, Biólogo, Catedrático de Genética del Departamento de Biología Celular y Genética de la Universidad de Alcalá.
Robert Roda, Filósofo, Profesor Titular del Dpto. de Antropología, Filosofía y Trabajo Social de la Univ. Rovira i Virgili de Tarragona. Angel Castaño, Teólogo, Profesor de la Facultad de Teología “San Dámaso” de Madrid.
PRESENTACIÓN DEL ACTO
Una mesa redonda en la que se hará una reflexión sobre la distancia entre los hombres y los animales, especialmente los filogenéticamente más próximos, los grandes simios (Chimpancé, Bonobo, Gorila y Orangután). Se sucederán intervenciones en clave inductiva, con enfoques complementarios: qué dice la ciencia respecto al hecho diferencial, a cargo del Prof. Nicolás Jouve (Univ. de Alcalá); cómo se ha planteado la cuestión en clave filosófico-antropológica, a cargo del Prof. Robert Roda (Uiv. Rovira i Virgili de Tarragona) y qué añade la revelación, a cargo del Prof. Angel Castaño (Fac. de Teología San Dámaso de Madrid).
Se trata de reflexionar sobre la singularidad y la dignidad del ser humano frente a una pretensión carente de fundamento: igualar en derechos y en la consideración de personas a los grandes simios.
El 2,5% de divergencia en el ADN genómico del hombre y el chimpancé -algo mayor entre el hombre y el resto de los grandes simios- no debe entenderse en la dirección de minimizar las enormes diferencias en los aspectos cognitivo, relacional y de comportamiento. El análisis comparativo demuestra que no es tan importante la estructura del ADN como la utilización de la información genética que contienen los genomas de las especies que se pretenden igualar, existiendo grandes diferencias en los aspectos funcionales y en los patrones de expresión genética. El hombre es la única especie que además de genes transmite experiencias. Además, por encima de lo que es común se evidencia en el hombre una diferencia sustancial más importante, que es la de la incorporación de una inteligencia racional, abstracta, frente a una inteligencia concreta e instintiva, un sentido de autoconciencia y de trascendencia de la existencia. El hombre posee una unidad sustancial de cuerpo y espíritu, de cuya unidad dimana su interioridad racional (inteligencia y voluntad libre, capacidad de reflexión y de autodominio) y el modo ético de afrontar cada decisión en la vida y de construir su propio yo. Toda una serie de cualidades singulares que justifican la afirmación de que el hombre es el ser más digno de la naturaleza. Por ello se debe reconocer que solo el hombre, entre las especies de la naturaleza es persona, no solo algo que existe, sino alguien y, por tanto, solo el hombre es sujeto de derechos. La intervención en la clave teológica se centrará en la idea del hombre-Imagen de Dios, que determina la singularidad del hombre entre los distintos seres de la creación, tanto en su dimensión corpórea como en su dimensión espiritual. Se presentará después el carácter "trinitario" de la imagen de Dios en el hombre: su dignidad le viene no sólo de su origen, de su identidad personal, capacidad de Dios y capacidad de donación de sí mismo en el amor, sino también de su destino y vocación totalmente singulares.
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19 noviembre 2009
La violinista Alma Olite y el pianista Denis Lossev interpretaron obras de Poulenc, Brahms y Ravel
Concierto organizado por el Aula Cultural "Civitas Dei" en colaboración con Juventudes Musicales
El jueves 19 de noviembre se celebró en el Salón de Actos del Obispado de Alcalá de Henares una nueva actividad del Aula Cultural "Civitas Dei", recientemente fundada.
La
inauguración del Aula se produjo el pasado jueves 15 de octubre,
teniendo como contenido la presentación de la encíclica de Benedicto
XVI "Caritas in veritate". En aquella ocasión contamos con la presencia
del periodista José Luis Restán y del obispo de Alcalá de Henares,
Mons. Juan Antonio Reig Pla.
La segunda propuesta del Aula consistió en un Concierto de Violín y Piano, organizado en colaboración con Juventudes Musicales de Alcalá. El Salón de Actos del Obispado se llenó para escuchar a dos jóvenes intérpretes: la violinista navarra Alma Olite y el pianista ruso Denis Lossev.
Al comienzo del acto fue presentada una publicación del Aula que recoge dos documentos papales acerca de la relación entre el arte y la Iglesia. Se trata de la homilía pronunciada por el papa Pablo VI en 1964 en la "Misa de los artistas", celebrada en la Capilla Sixtina, y de la Carta a los artistas de Juan Pablo II,
fechada en 1999. La Iglesia tiene necesidad del arte, decían los
pontífices, pero también el arte tiene necesidad de la Iglesia, del
mundo de la fe y del misterio de Dios. El Concierto ha tenido lugar dos
días antes de que se produzca un nuevo encuentro de la Iglesia con el
mundo del arte. En efecto, Benedicto XVI ha convocado a un gran número de artistas a un encuentro en la Capilla Sixtina, con ocasión del décimo aniversario de la Carta de Juan Pablo II.
Los intérpretes del concierto, Alma Olite y Denis Lossev dieron vida a obras de Poulenc, Brahms y Ravel.
Tocaron con gran maestría y fuerza, destacando por su técnica, pero más
aún por la intensidad y belleza de su ejecución. Perfectamente
compenetrados, ofrecieron en primer lugar la Sonata para violín y piano de Francis Poulenc.
Se trata de una obra difícil, que requiere considerable técnica y
energía, como se desprende de las mismas denominaciones de dos de sus
movimientos: Allegro con fuoco, Presto tragico.
Tras un breve descanso los músicos acometieron la interpretación de la Sonata nº 1 en sol mayor, para violín y piano, op. 78 de Johannes Brahms. Es una de las más bellas obras de Brahms, musicalmente innovadora.
Por último, ofrecieron una fantástica versión de la rapsodia Tzigane, de Maurice Ravel. Un digno colofón que arrancó los aplausos entusiastas del público.
Primer acto del Aula Cultural "Civitas Dei" con más de 250 asistentes
El jueves 15 de octubre fue inaugurada la nueva Aula Cultural "Civitas Dei" del Obispado de Alcalá de Henares. El acto comenzó poco después de las 8 de la tarde, como estaba previsto. Asistieron al acto el Sr. Alcalde y dos concejales del equipo de gobierno, numerosas autoridades académicas de la Universidad de Alcalá, representantes de las asociaciones culturales, religiosas y civiles de la ciudad, profesionales de los más variados ámbitos, profesores de instituto, religiosas, estudiantes, fieles de las parroquias de la diócesis... en total algo más de 250 personas, completando el aforo del Salón de Actos del Obispado.
Tras una breve presentación del origen y finalidad del Aula Cultural dio comienzo la mesa redonda, sobre el tema "La civilización de la caridad. Presentación de la encíclica Caritas in veritate de Benedicto XVI".
Intervinieron D. José Luis Restán, periodista de la Cadena COPE y Mons. Juan Antonio Reig Pla, obispo de Alcalá de Henares, quienes desglosaron los núcleos centrales de la encíclica, ofreciendo al mismo tiempo válidas indicaciones para el tiempo presente.
El lunes 5 de octubre ha sido presentado, en rueda de prensa a los medios de comunicación de nuestra ciudad, un nuevo proyecto promovido por el Obispado de Alcalá de Henares.
Se trata del Aula Cultural "Civitas Dei" Cardenal Cisneros, un foro de propuesta y diálogo sobre temas de interés antropológico, social, cultural y religioso. El Aula nace de la iniciativa de un grupo de laicos católicos, en estrecha comunión con el Obispo diocesano, Mons. Juan Antonio Reig Pla.
En el acto han intervenido D. Adolfo Sequeiros González, Pediatra, Jefe de la Sección de Neumología del Hospital Infantil Universitario Niño Jesús de Madrid y Profesor de la Universidad Autónoma de Madrid; y D. Nicolás Jouve de la Barreda, Biólogo, Catedrático de Genética del Departamento de Biología Celular y Genética de la Universidad de Alcalá. También ha estado presente otro de los promotores del Aula, el profesor de Química Analítica de la UAH D. José María Saz Díaz.
D. Juan Carlos Ramos, Delegado de Medios de Comunicación Social del Obispado de Alcalá de Henares ha presentado el acto.
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Presentamos a continuación el calendario de actos de los próximos meses:
PROGRAMACIÓN DEL PRIMER TRIMESTRE: OCTUBRE-DICIEMBRE 2009
JUEVES 15 OCTUBRE 2009 - 20 HORAS
Presentación del Aula Cultural “Civitas Dei”. Mesa redonda: “La civilización de la caridad”. Presentación de la encíclica Caritas in veritate de Benedicto XVI.
Intervienen: José Luis Restán, Ingeniero de Caminos, Periodista y Director General de Contenidos de la Cadena COPE. S.E.R. Mons. D. Juan Antonio Reig Pla, Obispo de Alcalá de Henares, Presidente de la Subcomisión episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida.
JUEVES 19 NOVIEMBRE 2009 - 20 HORAS
Actividad musical: Concierto de Violín y Piano. Obras de Poulenc, Brahms y Ravel.
Intervienen: Alma Olite, Violín y Denis Lossev, Piano. Con la colaboración de Juventudes Musicales de Alcalá de Henares.
JUEVES 10 DICIEMBRE 2009 - 20 HORAS
Mesa redonda: "La Singularidad del Ser Humano frente al Proyecto Gran Simio".
Intervienen: Nicolás Jouve, Biólogo, Catedrático de Genética del Departamento de Biología Celular y Genética de la Universidad de Alcalá. Robert Roda, Filósofo, Profesor Titular del Dpto. de Antropología, Filosofía y Trabajo Social de la Univ. Rovira i Virgili de Tarragona. Angel Castaño, Teólogo, Profesor de la Facultad de Teología “San Dámaso” de Madrid.